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Marcelo Piñeyro: gestión colectiva, circulación de obras y la experiencia humana del cine frente a la IA

  • hace 3 días
  • 3 Min. de lectura
Con una trayectoria consolidada dentro y fuera de la Argentina, Marcelo Piñeyro es una voz clave para pensar el presente y el futuro del audiovisual desde una perspectiva que articula creación, derecho de autor y experiencia colectiva. El actual vicepresidente de DAC —Directores Argentinos Cinematográficos— y presidente honorario de la Confederación Internacional de Autores Audiovisuales —AVACI—, el director de películas emblemáticas del cine argentino como Tango Feroz, Cenizas del paraíso y Caballos salvajes reflexiona sobre la importancia de las sociedades de gestión colectiva, los desafíos de la circulación de las obras en un contexto de fuerte concentración y el lugar de la inteligencia artificial en los procesos creativos.

Por Ulises Román RodríguezPablo Di Tullio


El valor de pertenecer: identidad y gestión colectiva

La relación de Piñeyro con DAC antecede incluso a su conformación como sociedad de gestión colectiva. Cuando la entidad aún funcionaba como un gremio de directores, el vínculo ya estaba marcado por una convicción profunda: la creencia en la fuerza de lo colectivo. “Por formación creo en lo colectivo. Hay una potencia ahí que no se puede lograr de manera individual”, le cuenta a AV Creators News.


El vínculo de Piñeyro con el mundo del derecho de autor se profundizó en 2009, cuando el decreto 124/2009 reconoció a DAC la representación del derecho de autor de los directores por la comunicación pública de sus obras. Hasta entonces, Piñeyro percibía derechos en el exterior a través de entidades como la española SGAE, pero no en su propio país. Cuando DAC asumió la gestión colectiva de esos derechos, él —junto a otros directores con visibilidad internacional— transfirió su representación a la entidad local para fortalecer su legitimidad. Ese gesto, reconoce, fue clave no sólo para la consolidación institucional, sino también para su propio reencuentro con una idea de pertenencia que excede lo económico. 


El compromiso de Piñeyro con la gestión colectiva del derecho de autor tuvo proyección internacional en 2021, cuando la creación de la Confederación Internacional de Autores Audiovisuales (AVACI) lo designó presidente honorario, en reconocimiento a su recorrido y a su defensa sostenida de lo colectivo.



En referencia a la reciente producción de Netflix El reino, el director opina que la principal diferencia entre el trabajo con este modelo de producción y los modos tradicionales radica en la exhibición: “la película sigue siendo una película, aunque no pase por salas”. La serie es un ejemplo claro de cómo una obra pensada por una plataforma para un público local puede tener alcance internacional. Aun así, Piñeyro insiste en que la discusión de fondo sigue siendo la misma: cómo garantizar la circulación efectiva de las obras y el reconocimiento de los derechos de autor en un escenario cada vez más concentrado.


-En un contexto de aceleración tecnológica y de múltiples formas posibles de hacer cine, ¿qué lugar ocupa para vos la técnica dentro del proceso creativo?

-Yo soy muy poco “fierrito”. Nunca tuve buen vínculo con lo tecnológico, ni me preocuparon mucho esas cosas. Yo estudié historia del arte, tengo formación plástica, y el vínculo que tengo, por ejemplo, con un director de fotografía, pasa por ahí, y no por lo técnico. Creo que ya no hay un solo modo de hacer películas: hay muchísimos. Y cada día hay más maneras de fabricarlas. Esto no tiene que ver con la calidad. Hoy podés hacer una película con un celular, y si tenés talento y tenés mirada entonces vas a hacer una película buenísima.


-Me imagino que te has cruzado con, no digo una película, pero algún producto audiovisual, tal vez una publicidad o un cortometraje, hecho con inteligencia artificial. ¿Cómo ves el uso de esta herramienta?

-Lo siento muy lejano a mí. A mí lo que me gusta del cine es juntarme con los actores, moldear los personajes, pensar la historia y la complejidad de la psicología de este vínculo. ¡Eso es una experiencia tan humana! Las películas que yo hice, con otros actores, serían películas diferentes, porque son productos del intercambio humano. Con la inteligencia artificial, yo tengo la sensación de que eso no se logra.



Para Piñeyro, el problema central es estructural: “Creo que el grave problema del presente no es la revolución tecnológica, que amplía, que democratiza, sino la concentración”. La consecuencia directa es la dificultad creciente para que las obras circulen y encuentren a sus espectadores. “La circulación de la obra es lo que hace que la obra exista”, afirma. Sin ese encuentro entre película y público, el cine corre el riesgo de volverse irrelevante, reducido a archivos que nadie ve.


El director lo sintetiza así: “Si tuviera treinta años, posiblemente el avance de la inteligencia artificial me inquietaría de otra manera, y trataría de tener una reflexión más profunda sobre el tema. Ahora siento que no la necesito, porque en el caso de que mi profesión se torne el imperio de la inteligencia artificial, yo simplemente me retiro, me voy a casa y miro películas viejas”.



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